CHAVEZ VIVE, LA LUCHA SIGUE!!!

CHAVEZ, Pasión de Pueblo
Testimonio*
Por
Rashid SHERIF

El que tiene alguna duda acerca de la recuperación de Chávez, basta con verlo en estos últimos días, y más aún acercándose a él para convencerse de lo contrario.

El que escribe desde Caracas, llegando de su lejana tierra africana de Túnez, lejana en la distancia pero tan presente en el paisaje diario venezolano, llegó aquí de voluntario y costeando su propio viaje, por el afán de expresar su solidaridad activa y fraternal con el bravo pueblo venezolano en estas horas decisivas de su destino.

Primero, permítanme aclarar de dónde venimos: Las fuerzas imperiales en su decadencia actual, en su gran desespero están lanzando una gigantesca ofensiva en contra de los pueblos del Sur en un intento para dominarlos con una tenaza mayor y más eficiente todavía que el sistema neocolonial impuesto por ellos, al frustrar las aspiraciones de los pueblos por su independencia y soberanía. Hoy las fuerzas imperiales buscan salvar el sistema capitalista global en su crisis no cíclica como antaño, pero su crisis sistémica en su fase de decadencia al igual que pasó con otros imperios en la historia.

No es ninguna casualidad que estas fuerzas imperiales al iniciarse este siglo, llamándolo de forma abusiva con su soberbia habitual “el siglo americano”, han desatado sus fuerzas con la mayor brutalidad y criminalidad en contra de pueblos que ellos llaman objetivo “blando”, o sea fácil y rápido de vencer, aunque la realidad ha demostrado lo contrario: Afganistán, Irak primero, y ahora Libia totalmente destruida al suelo, Siria todavía en resistencia y con miras hacia Irán: todos son pueblos del Sur y países que en su mayoría son de fe musulmana. A la vez como siempre, éstas fuerzas imperiales se han asegurado los servicios de sus lacayos y creaturas, las autocracias del Medio Oriente, desde Jordania, Arabia Saudita, hasta los Estados artificiales y verdaderas bases “off shore” de los EEUU que son Arabia Saudita, los Emiratos y Qatar.

Como siempre, el enemigo por tener fuerzas preparadas y amplios recursos, aprende rápido y pasa al contra-ataque; en este caso despertándose rápido de la gran sorpresa general histórica de las insurrecciones populares para aprovecharse de las mismas desviándolas de su cauce, como en el caso de la lucha heroica del pueblo tunecino, en el norte de África. Es así como, se han aprovechado de la oportunidad creada por la “chispa tunecina” para lanzar a gran escala su ya preparada masiva ofensiva colonial de nuevo tipo en tierras africanas y del Medio Oriente.

Este escenario de guerra conlleva una estrategia a corto y largo plazo de Washington para asentar un nuevo colonialismo basado esta vez en las fuerzas conservadoras y retrogradas de los islamistas sunitas, fuerzas del terror y muerte, creaturas desde décadas del propio imperio que a veces le son dóciles y otras veces salen fuera de su control, como Al Qaeda, hasta su recuperación actual en Libia y en Siria.

El objetivo estratégico de las fuerzas imperiales de EEUU y Europa (la que se ha vuelto un simple vagón arrastrado por los primeros), es doble y concomitante: controlar las fuentes de energía fósiles y las enormes fuentes de aguas subterráneas; a la vez y de forma decisiva controlar las rutas marítimas y terrestres desde y hacia las mismas. Esto fundamentalmente en contra de la economía ascendente de China y como golpe artero contra la OPEP.

No ha sido ninguna casualidad el golpe de Estado constitucional contra el Presidente Lugo, después del golpe en Honduras y los intentos golpistas en Venezuela, Bolivia y Ecuador, países hoy en la primera trinchera de la lucha anti-imperialista. En particular, hablando de fuente de energía y de las rutas hacia las mismas, Venezuela está desde hace mucho tiempo en la mira del enemigo más despiadado de los pueblos del Sur: su cercanía a las costas del Texas con un bajo costo de trasporte marítimo, además del bajo costo por su compra que facilitaría un hipotético gobierno entreguista y vendepatria de la llamada oposición al chavismo. Esta aventura del imperialismo yanqui por su peligro extremo junto con las aventuras actuales de tipo colonial en África del Norte y el Medio Oriente pondría sin duda la humanidad al borde del colapso.

De allí la importancia capital del proceso electoral actual en Venezuela tanto para el pueblo venezolano como para toda la región sur de América y el resto del mundo Sur y Norte. Y Chávez acierta cuando dice que la pelea aquí es entre patriotas y vendepatria; es la pelea esencial y fundamental contra el imperialismo, para alcanzar la verdadera independencia y la soberanía: en esto coincidimos todos los pueblos del Sur, y por eso nuestro Norte es el Sur!
Recordemos que una vez le tocó al heroico pueblo cubano vivir horas vertiginosas con el riesgo de una conflagración nuclear mundial durante los días tan dramáticos de la Crisis de Octubre. Hoy, en condiciones distintas, le toca al pueblo de Venezuela mantener la misma firmeza y la misma determinación para defender sus recursos naturales, o sea su independencia y su soberanía. Por eso, la lucha del pueblo venezolano es hoy la misma lucha patriótica siguiendo a sus ilustres héroes Bolívar, Zamora y el Heroico Guerrillero caído en las selvas de Bolivia. A la vez, esta lucha tiene una trascendencia planetaria como fue el caso de Cuba en la Crisis de Octubre. Se trata de la supervivencia de un pueblo íntimamente ligada a la supervivencia de los países del Sur (El ALBA, UNASUR, MERCOSUR y la CEPAL). No sería exagerado afirmar que la lucha anti-imperialista global de nuestros pueblos del Gran Sur es la propia lucha por la supervivencia de la Humanidad y hasta la Tierra Madre.

Por eso, los pueblos del Sur y gobiernos que defienden su legítima soberanía, deben tener las armas suficientes y eficientes para defenderse de las fuerzas imperiales y para no presentar un “blanco blando”, facilitando así su intervencionismo guerrero y criminal.

Como bien sabemos, una vez el pueblo de Vietnam luchó por décadas casi solo, con el alto riesgo de volver a la edad de la piedra, como bien lo amenazaron sus enemigos, los que son nuestros enemigos. Entonces, hay que aclarar que Vietnam luchó por todos nosotros, y nos abrió el camino de las luchas independentistas en Asia y en África después de la Segunda Guerra Mundial. Y Vietnam nos orientó con la firme sabiduría del Tío Ho. A su vez, Cuba con su firmeza expresada por Fidel años atrás, “tal un peñón de granito contra el cual se han estrellado todas las conjuras imperiales y todas las mentiras”, Cuba con su pueblo erguido también luchó y sigue luchando por nosotros, con su gran dignidad frente al bloqueo criminal por décadas. “Amor con amor se paga”, dice a menudo Chávez: nada más natural para nosotros africanos hoy en día mostrar a plena luz con los hechos una solidaridad activa con el pueblo venezolano que lucha por todos nosotros y que no está ni debe estar solo, como lo fue Vietnam.

Hoy, repito, la pelea aquí es entre patriotas y vendepatria, exactamente como está pasando en Túnez: allí tenemos una ruptura entre vendepatria islamistas y patriotas seguidores de nuestro Prócer de la Independencia, nuestro José Martí, el gran poeta Abul Kacem Echabbi. Estando en Caracas, estoy a la vez en Túnez. Nuestra lucha es común, sellada tanto por el enemigo común como por nuestros valores y aspiraciones a la independencia y la soberanía nacional.

Aquí, en esta grandiosa batalla electoral, también batalla de las ideas, puedo notar como testigo desde afuera, con la distancia a la vez con el apego a los mismos ideales, que ya existe como evidencia una legitimidad, llamémosla revolucionaria o del cambio. Esta legitimidad se refiere a la obra ya realizada y todavía en proceso por parte del Gobierno Bolivariano, la que a su vez está representada por el candidato del PSUV. Falta la legalidad de un nuevo mandato que solo el pueblo decide en las urnas y otorga como soberano. En todo caso, puedo afirmar a la luz de los hechos del cambio ya ocurrido en la última década, que incluso en el caso muy remoto e hipotético de que el candidato de la oposición gane la elecciones presidenciales, cual una victoria pírrica, solo ganaría la legalidad del mandato presidencial y jamás la legitimidad que se ha ganado ya el candidato Chávez.

Me gusta repetir lo que Chávez dijo anoche: “Volverán Tin-Tan y Rintintin, pero ellos nunca más volverán”. ¡Ojala sea así! [Ojala es una expresión Árabe, como sabemos].

Estando presente a dos pasos del Presidente Chávez en las gigantescas concentraciones en el Valle y ayer en Petare, puedo afirmar claramente como testigo presencial alerta y activo que en Venezuela también hay un pueblo erguido y determinado a luchar por la patria como el pueblo vietnamita y el cubano. Y lo mínimo que un ciudadano libre de otras tierras, un internacionalista africano despierto y alerta, puede hacer es precisamente tomar la iniciativa y afirmar aquí mismo en carne y hueso una genuina y humilde expresión de solidaridad.

Ayer en Petare, viendo caer la noche desde la tarima presidencial, a dos pasos del candidato Chávez en su cumpleaños, dándonos su amplia y robusta espalda, vi a lo lejos encenderse el cerro de mil luces: era un bello espectáculo estelar desde el punto de vista estético. De pronto Chávez recordó a este pueblo ayer excluido y marginalizado de Petare que fueron ellos los que rescataron a su Presidente al día siguiente de su secuestro, día del golpe de Estado de Carmona movido por el gobierno de EEUU. Les recordaba en realidad que ellos fueron sujetos protagonistas de una página gloriosa de la lucha anti-imperialista de este pueblo. Ellos al rescatar a su Presidente habían afirmado que habían pasado de ser un poblado pasivo con energías dispersas arriba y abajo del cerro, para volverse una poderosa fuerza de pueblo, coherente y consciente de su propio destino. Y yo me preguntaba de pie, sintiéndome honrado por la oportunidad de vivir estas horas luminosas aquí en este sitio, me preguntaba: ¿como un pueblo excluido con energías disgregadas por tantas generaciones llega a forzar el destino, a constituir una tan formidable fuerza del cambio? Y con la presencia física impresionante y carismática de éste hombre con agigantada estatura ya en la Historia, con su extraordinaria energía recuperada y su pasión contagiosa, a la vez con la prístina claridad de su pensamiento, brotó en mi mente una respuesta como surge una evidencia: este fenómeno sociopolítico de las energías dispersas de un pueblo ayer excluida, hoy hechas fuerzas vivas del cambio, ocurre –como bien decía el Che recordado ayer en el discurso- cuando lo extraordinario se vuelvo cuotidiano, es decir en éste caso cuando líder y pueblo se hacen UNO. Por eso Chávez está en lo cierto cuando dice: “Chávez se ha hecho Pueblo”.
A esto, decido llamar hasta en sentido espiritual: la Pasión de Chávez.

Rashid SHERIF
Patriota Tunecino & Internacionalista
http://www.shaahidun.wordpress.com
*Artículo publicado en Aporrea durante la campaña electoral 2012

Noam Chomsky speaks out

Noam Chomsky speaks out about US politics and many other topics. Subtitle in spanish

Documental censurado por Google. Como alternativa puede verse en línea dividido en cinco partes o descargarse en un solo archivo:
* Ver en línea Poder y terror (Cortesía del portal libertario OACA)
* Descargar Noam Chomsky; poder y terror (Cortesía de el portal internacional anarquista)

http://www.youtube.com/watch?v=M93hfg3__Hk PARTE PRIMERA
* http://www.youtube.com/watch?v=NXnKKO93FNc PARTE SEGUNDA
* http://www.youtube.com/watch?v=ygVQuSQJa3Q PARTE TERCERA
* http://www.youtube.com/watch?v=RQCZPAxzxWI PARTE CUARTA
* http://www.youtube.com/watch?v=9V-BDC2g-MM PARTE QUINTA
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Fidel habla de Corea

Fidel Castro: ¿qué está ocurriendo en Corea?
Escrito por Atilio Borón

Para entender la actual crisis que afecta a la península coreana nada mejor que ubicar la presente coyuntura en su contexto histórico. Y nadie mejor que Fidel para ofrecernos una visión sintética y didáctica a la vez.
Para entender la actual crisis que afecta a la península coreana nada mejor que ubicar la presente coyuntura en su contexto histórico. Y nadie mejor que Fidel para ofrecernos una visión sintética y didáctica a la vez de la complejidad del proceso que condujo a la grave situación actual. Compartimos por eso dos “reflexiones” que el Comandante escribió en Julio del 2008, y que conservan toda su actualidad.

Los acontecimientos que se sucedieron a partir de sus escritos en nada modifican las tesis centrales que allí se plantean. Todo lo contrario, el desenlace actual estaba ya inscripto en el juego de fuerzas que el imperialismo y sus aliados establecieron después de la Guerra de Corea con el propósito de contener el « expansionismo » soviético y las « ambiciones territoriales » de la triunfante Revolución China.

Confío en que con este material podamos comprender un poco mejor las características e implicaciones de la crisis que se está desenvolviendo en esa parte del mundo que, para variar, ha sido presentada de un modo brutalmente desfigurado por los medios al servicio del imperialismo: una Corea mala, agresiva, beligerante, la del Norte; y otra Corea buena, amiga de Occidente y amante de la paz, la Corea del Sur. Se oculta que éste es un país ocupado por Estados Unidos y cuya política exterior no la decide el pueblo surcoreano ni Seúl sino que se determina en Washington, y más concretamente en el Pentágono.

LAS DOS COREAS (Primera Parte)
Comandante Fidel Castro Ruz

La nación coreana, con su peculiar cultura que la diferencia de sus vecinos chinos y japoneses, existe desde hace tres mil años. Son características típicas de las sociedades de esa región asiática, incluidas la china, la vietnamita y otras. Nada parecido se observa en las culturas occidentales, algunas con menos de 250 años.

Los japoneses habían arrebatado a China en la guerra de 1894 el control que ejercía sobre la dinastía coreana y convirtieron su territorio en una colonia de Japón. Por acuerdo entre Estados Unidos y las autoridades coreanas, el protestantismo fue introducido en ese país en el año 1892. Por otro lado, el catolicismo había penetrado igualmente en ese siglo a través de las misiones. Se calcula que actualmente en Corea del Sur alrededor del 25 por ciento de la población es cristiana y una cifra similar es budista. La filosofía de Confucio ejerció gran influencia en el espíritu de los coreanos, que no se caracterizan por las prácticas fanáticas de la religión.

Dos importantes figuras ocuparon los primeros planos de la vida política de esa nación en el siglo XX. Syngman Rhee, que nace en marzo de 1875, y Kim Il Sung 37 años después, en abril de 1912. Ambas personalidades, de distinto origen social, se enfrentaron a partir de circunstancias históricas ajenas a ellos.
Los cristianos se oponían al sistema colonial japonés, entre ellos Syngman Rhee, que era practicante activo del protestantismo.
Corea cambió de status: Japón anexó su territorio en 1910. Años más tarde, en 1919, Rhee fue nombrado Presidente del Gobierno Provisional en el exilio, con sede en Shanghai, China. Nunca empleó las armas contra los invasores.
La Liga de las Naciones, en Ginebra, no le prestó atención.
El imperio japonés fue brutalmente represivo con la población de Corea. Los patriotas resistieron con las armas la política colonialista de Japón y lograron liberar una pequeña zona en los terrenos montañosos del Norte, durante los últimos años de la década de 1890.

Kim Il Sung, nacido en las proximidades de Pyongyang, a los 18 años se incorporó a las guerrillas comunistas coreanas que luchaban contra los japoneses. En su activa vida revolucionaria alcanzó la jefatura política y militar de los combatientes anti japoneses del Norte de Corea, cuando solo tenía 33 años de edad.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos decidió el destino de Corea en la posguerra. Entró en la contienda cuando fue atacado por una criatura suya, el Imperio del Sol Naciente, cuyas herméticas puertas feudales abrió el Comodoro Perry en la primera mitad del siglo XIX apuntando con sus cañones al extraño país asiático que se negaba a comerciar con Norteamérica.

El aventajado discípulo se convirtió más tarde en un poderoso rival, como ya expliqué en otra ocasión. Japón golpeó sucesivamente décadas más tarde a China y Rusia, apoderándose adicionalmente de Corea. No obstante, fue astuto aliado de los vencedores en la Primera Guerra Mundial a costa de China. Acumuló fuerzas y, convertido en una versión asiática del nazi fascismo, intentó ocupar el territorio de China en 1937 y atacó a Estados Unidos en diciembre de 1941; llevó la guerra al Sudeste Asiático y a Oceanía.

Los dominios coloniales de Gran Bretaña, Francia, Holanda y Portugal en la región estaban condenados a desaparecer y Estados Unidos surgía como la potencia más poderosa del planeta, resistida solo por la Unión Soviética, entonces destruida por la Segunda Guerra Mundial y las cuantiosas pérdidas materiales y humanas que le ocasionó el ataque nazi. La Revolución china estaba por concluir en 1945 cuando la matanza mundial cesó. El combate unitario anti japonés ocupaba entonces sus energías. Mao, Ho Chi Minh, Gandhi, Sukarno y otros líderes prosiguieron después su lucha contra la restauración del viejo orden mundial que era ya insostenible.

Truman lanzó contra dos ciudades civiles japonesas la bomba atómica, arma nueva terriblemente destructiva de cuya existencia, como se ha explicado, no había informado al aliado soviético, el país que más contribuyó a la destrucción del fascismo. Nada justificaba el genocidio cometido, ni siquiera el hecho de que la tenaz resistencia japonesa había costado la vida a casi 15 mil soldados norteamericanos en la isla japonesa de Okinawa. Ya Japón estaba derrotado y tal arma, lanzada contra un objetivo militar, habría tenido más tarde o más temprano el mismo efecto desmoralizador en el militarismo japonés sin nuevas bajas para los soldados de Estados Unidos. Fue un acto incalificable de terror.
Los soldados soviéticos avanzaban sobre Manchuria y el Norte de Corea, tal como lo habían prometido al cesar los combates en Europa. Los aliados habían definido previamente hasta qué punto llegaría cada fuerza. En la mitad de Corea estaría la línea divisoria, equidistante entre el río Yalu y el Sur de la península. El gobierno norteamericano negoció con los japoneses las normas que regirían la rendición de las tropas en su propio territorio. Japón sería ocupado por Estados Unidos.

En Corea, anexada a Japón, permanecía una gran fuerza del poderoso ejército japonés. En el Sur del Paralelo 38, límite divisorio establecido, prevalecerían los intereses de Estados Unidos. Syngman Rhee, reincorporado a esa parte del territorio por el gobierno de Estados Unidos, fue el líder al que apoyó, con la cooperación abierta de los japoneses. Ganó así las reñidas elecciones de 1948. Los soldados del Ejército Soviético se habían retirado de Corea del Norte ese año.

El 25 de junio de 1950 estalló la guerra en el país. Todavía se discute quién realizó el primer disparo, si los combatientes del Norte o los soldados norteamericanos que montaban guardia junto a los soldados reclutados por Rhee. La discusión carece de sentido si se analiza desde el ángulo coreano. Los combatientes de Kim Il Sung lucharon contra los japoneses por la liberación de toda Corea. Sus fuerzas avanzaron incontenibles hasta las proximidades del extremo Sur, donde los yanquis se defendían con el apoyo masivo de sus aviones de ataque. Seúl y otras ciudades habían sido ocupadas. MacArthur, jefe de las fuerzas norteamericanas del Pacífico, decidió ordenar un desembarco de la infantería de Marina por Incheon, en la retaguardia de las fuerzas del Norte, que estas no podían ya contrarrestar. Pyongyang cayó en manos de las fuerzas yanquis, precedidas por devastadores ataques aéreos. Ello impulsó la idea por parte del mando militar norteamericano en el Pacífico de ocupar toda Corea, ya que el Ejército de Liberación Popular de China, dirigido por Mao Zedong, había infligido una derrota aplastante a las fuerzas pro yanquis de Chiang Kai-shek, abastecidas y apoyadas por Estados Unidos.

Todo el territorio continental y marítimo de ese gran país había sido recuperado, con excepción de Taipei y algunas otras pequeñas islas próximas donde se refugiaron las fuerzas del Kuomintang, transportadas por naves de la Sexta Flota.
La historia de lo ocurrido entonces se conoce hoy bien. No olvidar que Boris Yeltsin entregó a Washington, entre otras cosas, los archivos de la Unión Soviética.

¿Qué hizo Estados Unidos cuando estalló el conflicto prácticamente inevitable bajo las premisas creadas en Corea? Presentó a la parte norte de ese país como agresora. El Consejo de Seguridad de la recién creada Organización de Naciones Unidas, promovida por las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, aprobó la resolución sin que uno de los cinco miembros pudiera vetarla. En esos precisos meses la URSS se había manifestado inconforme con la exclusión de China en el Consejo de Seguridad, donde Estados Unidos reconocía a Chiang Kai-shek, con menos del 0,3 por ciento del territorio nacional y menos del 2 por ciento de la población, como miembro del Consejo de Seguridad con derecho al veto.

Tal arbitrariedad condujo a la ausencia del delegado ruso, a consecuencia de lo cual se produjo el acuerdo de ese Consejo dando a la guerra el carácter de una acción militar de la ONU contra el presunto agresor: la República Popular Democrática de Corea. China, ajena por completo al conflicto, que afectaba su lucha inconclusa por la liberación total del país, vio cernirse la amenaza directa contra su propio territorio, lo cual era inaceptable para su seguridad. Según datos publicados, envió al primer ministro Zhou Enlai a Moscú, para expresar a Stalin su punto de vista sobre lo inadmisible que era la presencia de fuerzas de la ONU bajo el mando de Estados Unidos en las riberas del río Yalu, que delimita la frontera de Corea con China, y solicitarle la cooperación soviética. No existían entonces contradicciones profundas entre los dos gigantes socialistas.
El contragolpe chino se afirma que estaba planeado para el 13 de octubre y Mao lo pospuso para el 19, esperando la respuesta soviética. Era el máximo que podía dilatarlo.
Pienso concluir esta reflexión el próximo viernes. Es un tema complejo y trabajoso, que demanda especial cuidado y datos tan precisos como sea posible. Son hechos históricos que deben conocerse y recordarse.
Fidel Castro Ruz
Julio 22 de 2008
9:22 p.m.

LAS DOS COREAS (Segunda parte)
Comandante Fidel Castro Ruz
El 19 de octubre de 1950 más de 400 mil combatientes voluntarios chinos, cumpliendo las instrucciones de Mao Zedong, cruzaron el Yalu y salieron al paso de las tropas de Estados Unidos que avanzaban hacia la frontera china. Las unidades norteamericanas, sorprendidas por la enérgica acción del país al que habían subestimado, se vieron obligadas a retroceder hasta las proximidades de la costa sur, bajo el empuje de las fuerzas combinadas de chinos y coreanos del Norte.

Stalin, que era sumamente cauteloso, prestó una cooperación mucho menor que lo que esperaba Mao, aunque valiosa, mediante el envío de aviones MiG-15 con pilotos soviéticos, en un frente limitado de 98 kilómetros, que en la etapa inicial protegieron a las fuerzas de tierra en su intrépido avance. Pyongyang fue de nuevo recuperado y Seúl ocupado otra vez, desafiando el incesante ataque de la fuerza aérea de Estados Unidos, la más poderosa que ha existido nunca.

MacArthur estaba ansioso por atacar a China con el empleo de las armas atómicas. Demandó su uso tras la bochornosa derrota sufrida. El presidente Truman se vio obligado a sustituirlo del mando y nombrar al general Matthews Ridgway como jefe de las fuerzas de aire, mar y tierra de Estados Unidos en el teatro de operaciones. En la aventura imperialista de Corea participaron, junto a Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Grecia, Canadá, Turquía, Etiopía Sudáfrica, Filipinas, Australia, Nueva Zelanda, Tailandia y Colombia. Este país fue el único participante por América Latina, bajo el gobierno unitario del conservador Laureano Gómez, responsable de matanzas masivas de campesinos. Con ella, como se vio, participaron la Etiopía de Haile Selassie, donde todavía existía la esclavitud, y la Sudáfrica gobernada por los racistas blancos.
Hacía apenas cinco años que la matanza mundial iniciada en septiembre de 1939 había concluido, en agosto de 1945.

Después de sangrientos combates en el territorio coreano, el Paralelo 38 volvió a ser el límite entre el Norte y el Sur. Se calcula que murieron en esa guerra cerca de dos millones de coreanos del Norte, entre medio millón o un millón de chinos y más de un millón de soldados aliados. Por parte de Estados Unidos perdieron la vida alrededor de 44 mil soldados; no pocos de ellos eran nacidos en Puerto Rico u otros países latinoamericanos, reclutados para participar en una guerra a la que los llevó la condición de inmigrantes pobres.

Japón obtuvo grandes ventajas de esa contienda; en un año, la manufactura creció un 50 %, y en dos recuperó la producción alcanzada antes de la guerra. No cambió, sin embargo, la percepción de los genocidios cometidos por las tropas imperiales en China y Corea. Los gobiernos de Japón han rendido culto a los actos genocidas de sus soldados, que en China habían violado a 25 decenas de miles de mujeres y asesinaron brutalmente a cientos de miles de personas, como ya se explicó en una reflexión.
Sumamente laboriosos y tenaces, los japoneses han convertido su país, desprovisto de petróleo y otras materias primas importantes, en la segunda potencia económica del mundo.

El PIB de Japón, medido en términos capitalistas –aunque los datos varían según las fuentes occidentales–, asciende hoy a más de 4,5 millones de millones de dólares, y sus reservas en divisas alcanzan más de un millón de millones. Es todavía el doble del PIB de China, 2,2 millones de millones, aunque esta posee un 50 % más de reservas en moneda convertible que ese país. El PIB de Estados Unidos, 12,4 millones de millones, con 34,6 veces más territorio y 2,3 veces más población, es apenas tres veces mayor que el de Japón. Su gobierno es hoy uno de los principales aliados del imperialismo, cuando este se halla amenazado por la recesión económica y las armas sofisticadas de la superpotencia se esgrimen contra la seguridad de la especie humana.
Son lecciones imborrables de la historia.

La guerra, en cambio, afectó considerablemente a China.
Truman dio órdenes a la VI Flota de impedir el desembarco de las fuerzas revolucionarias chinas que culminarían la liberación total del país con la recuperación del 0,3 % de su territorio, que había sido ocupado por el resto de las fuerzas pro yanquis de Chiang Kai shek que hacia allí se fugaron.

Las relaciones chino-soviéticas se deterioraron después, tras la muerte de Stalin, en marzo de 1953. El movimiento revolucionario se dividió en casi todas partes. El llamamiento dramático de Ho Chi Minh dejó constancia del daño ocasionado, y el imperialismo, con su enorme aparato mediático, atizó el fuego del extremismo de los falsos teóricos revolucionarios, un tema en el que los órganos de inteligencia de Estados Unidos se convirtieron en expertos.
A Corea del Norte le había correspondido, en la arbitraria división, la parte más accidentada del país. Cada gramo de alimento tenía que obtenerlo a costa de sudor y sacrificio. De Pyongyang, la capital, no quedó piedra sobre piedra. Un elevado número de heridos y mutilados de guerra debían ser atendidos. Estaban bloqueados y sin recursos. La URSS y los demás Estados del campo socialista se reconstruían.

Cuando llegué el 7 de marzo de 1986 a la República Popular Democrática de Corea, casi 33 años después de la destrucción que dejó la guerra, era difícil creer lo que allí sucedió. Aquel pueblo heroico había construido infinidad de obras: grandes y pequeñas presas y canales para acumular agua, producir electricidad, abastecer ciudades y regar los campos; termoeléctricas, importantes industrias mecánicas y de otras ramas, muchas de ellas bajo tierra, enclavadas en las profundidades de las rocas a base de trabajo duro y metódico. Por falta de cobre y aluminio se vieron obligados a utilizar incluso hierro en líneas de transmisión devoradoras de energía eléctrica, que en parte procedía de la hulla. La capital y otras ciudades arrasadas fueron construidas metro a metro. Calculé millones de viviendas nuevas en áreas urbanas y rurales y decenas de miles de instalaciones de servicios de todo tipo. Infinitas horas de trabajo estaban convertidas en piedra, cemento, acero, madera, productos sintéticos y equipos. Las siembras que pude observar, dondequiera que fui, parecían jardines. Un pueblo bien vestido, organizado y entusiasta estaba en todas partes, recibiendo al visitante. Merecía la cooperación y la paz.
No hubo tema que no discutiera con mi ilustre anfitrión Kim Il Sung. No lo olvidaré.

Corea quedó dividida en dos partes por una línea imaginaria.
El Sur vivió una experiencia distinta. Era la parte más poblada y sufrió menos destrucción en aquella guerra.
La presencia de una enorme fuerza militar extranjera requería el suministro de productos locales manufacturados y otros, que iban desde la artesanía hasta las frutas y vegetales frescos, además de los servicios. Los gastos militares de los aliados eran enormes. Lo mismo ocurrió cuando Estados Unidos decidió mantener indefinidamente una gran fuerza militar. Las transnacionales de Occidente y de Japón invirtieron en los años de la Guerra Fría considerables sumas, extrayendo riquezas sin límites del sudor de los surcoreanos, un pueblo igualmente laborioso y abnegado como sus hermanos del Norte. Los grandes mercados del mundo estuvieron abiertos a sus productos. No estaban bloqueados.

Hoy el país alcanza elevados niveles de tecnología y productividad.
Ha sufrido las crisis económicas de Occidente, que dieron lugar a la adquisición de muchas empresas surcoreanas por las transnacionales.

El carácter austero de su pueblo le ha permitido al Estado la acumulación de importantes reservas en divisas. Hoy soporta la depresión económica de Estados Unidos, en especial, los elevados precios de combustibles y alimentos, y las presiones inflacionarias derivadas de ambos.

El PIB de Corea del Sur, 787 mil 600 millones de dólares, es igual al de Brasil (796 mil millones) y México (768 mil millones), ambos con abundantes recursos de hidrocarburos y poblaciones incomparablemente mayores. El imperialismo impuso a las mencionadas naciones su sistema. Dos quedaron rezagadas; la otra avanzó mucho más.
De Corea del Sur apenas emigran a Occidente; de México, lo hacen en masa hacia el actual territorio de Estados Unidos; de Brasil, Suramérica y Centroamérica, a todas partes, atraídos por la necesidad de empleo y la propaganda consumista.

Ahora los retribuyen con normas rigurosas y despectivas.
La posición de principios sobre las armas nucleares suscrita por Cuba en el Movimiento de Países No Alineados, ratificada en la Conferencia Cumbre de La Habana en agosto de 2006, es conocida.

Saludé por primera vez al actual líder de la República Popular Democrática de Corea, Kim Jong Il, cuando arribé al aeropuerto de Pyongyang y él estaba discretamente situado a un lado de la alfombra roja cerca de su padre. Cuba mantiene con su gobierno excelentes relaciones.

Al desaparecer la URSS y el campo socialista, la República Popular Democrática de Corea perdió importantes mercados y fuentes de suministros de petróleo, materias primas y equipos. Al igual que para nosotros, las consecuencias fueron muy duras. El progreso alcanzado con grandes sacrificios se vio amenazado. A pesar de eso, mostraron la capacidad de producir el arma nuclear.

Cuando se produjo hace alrededor de un año el ensayo pertinente, le transmitimos al gobierno de Corea del Norte nuestros puntos de vista sobre el daño que ello podía ocasionar a los países pobres del Tercer Mundo que libraban una lucha desigual y difícil contra los planes del imperialismo en una hora decisiva para el mundo. Tal vez no fuera necesario hacerlo. Kim Jong Il, llegado a ese punto, había decidido de antemano lo que debía hacer, tomando en cuenta los factores geográficos y estratégicos de la región.

Nos satisface la declaración de Corea del Norte sobre la disposición de suspender su programa de armas nucleares. Esto no tiene nada que ver con los crímenes y chantajes de Bush, que ahora se jacta de la declaración coreana como éxito de su política de genocidio. El gesto de Corea del Norte no era para el gobierno de Estados Unidos, ante el cual no cedió nunca, sino para China, país vecino y amigo, cuya seguridad y desarrollo es vital para los dos Estados.

A los países del Tercer Mundo les interesa la amistad y cooperación entre China y ambas partes de Corea, cuya unión no tiene que ser necesariamente una a costa de la otra, como ocurrió en Alemania, hoy aliada de Estados Unidos en la OTAN. Paso a paso, sin prisa, pero sin tregua, como corresponde a su cultura y a su historia, seguirán tejiéndose los lazos que unirán a las dos Coreas. Con la del Sur desarrollamos progresivamente nuestros vínculos; con la del Norte han existido siempre y continuaremos fortaleciéndolos.
Fidel Castro Ruz
Julio 24 de 2008
6:18 p.m.

Guerras-suicida imperiales

Corea e Irán: “Dos guerras simultaneas podrían acabar con el Imperio de EE.UU.”
Escrito por RT

Los Estados Unidos podrían encontrarse en una « situación imposible de ganar » por necesidad de luchar en dos frentes, en diferentes partes del mundo, dice Mark Dankof, un ex candidato al Senado de EE.UU.

« Estados Unidos podrían encontrarse en una guerra de dos frentes en el próximo par de años, lo que, literalmente, podría significar el fin de la República estadounidense y del Imperio estadounidense », agregó el experto, citado por la cadena Press TV.

El primer frente, según Dankof, lo constituye el Pacífico, donde China puede meterse en la escalada de tensiones entre Corea del Sur y Corea del Norte. Pekín y Pyongyang están vinculados por un pacto militar que obliga a China a defender a Corea del Norte en caso de una agresión. « Mi análisis de la situación dice que hay un gran peligro de que los Estados Unidos y China resulten involucrados en un conflicto militar en el Pacífico », dijo el ex candidato al Senado.
El segundo frente lo constituye Oriente Medio. « Estados Unidos podrían encontrarse en una situación imposible de ganar con los chinos en el Pacífico, al mismo tiempo que [el primer ministro israelí Benjamin] Netanyahu arrastra a los Estados Unidos en una guerra más amplia en Oriente Medio », dijo Dankof.

En marzo los Gobiernos de EE.UU e Israel firmaron un nuevo acuerdo de ayuda militar.

Estados Unidos, Israel y sus aliados acusan a Irán de querer crear armas nucleares, aunque Teherán niega las acusaciones. Por su parte el jefe de las fuerzas paramilitares iraníes Basij, el general Mohammad Reza Naghdi, espera la caída del « Imperio estadounidense » en 2013.

Foro Social Mundial en Tunez. Declaracion final

Foro Social Mundial 2013 – Túnez
29 de marzo de 2013
Declaración de la Asamblea de los Movimientos Sociales
Nosotras y nosotros, reunidos en la Asamblea de Movimientos Sociales,
realizada en Túnez durante el Foro Social Mundial 2013, afirmamos el
aporte fundamental de los pueblos del Magreb-Mashreck (desde la África
del Norte hasta el Medio Oriente) en la construcción de la civilización
humana. Afirmamos que la descolonización de los pueblos oprimidos es un
gran reto para los movimientos sociales del mundo entero.

En el proceso del FSM, la Asamblea de los Movimientos Sociales es el
espacio donde nos reunimos desde nuestra diversidad para juntos
construir agendas y luchas comunes contra el capitalismo, el
patriarcado, el racismo y todo tipo de discriminación y opresión. Hemos
construido una historia y un trabajo común que permitió algunos avances,
particularmente en América Latina, donde logramos frenar alianzas
neoliberales y concretar alternativas para un desarrollo socialmente
justo y respetuoso de la naturaleza.

Juntos, los pueblos de todos los continentes libramos luchas donde nos
oponemos con gran energía a la dominación del capital, que se oculta
detrás de la promesa de progreso económico del capitalismo y de la
aparente estabilidad política.

Ahora, nos encontramos en una encrucijada donde las fuerzas
conservadoras y retrógradas quieren parar los procesos iniciados a dos
años de sublevación popular en la región del Maghreb-Mashrek que ayudó a
derrumbar dictaduras y a enfrentar el sistema neoliberal impuesto sobre
los pueblos. Estas sublevaciones contagiaron a todos los continentes del
mundo generando procesos de indignación y de ocupación de las plazas
públicas.

Los pueblos de todo el mundo sufrimos hoy los efectos del agravamiento
de una profunda crisis del capitalismo, en la cual sus agentes (bancos,
transnacionales, conglomerados mediáticos, instituciones internacionales
y gobiernos con el neoliberalismo) buscan potenciar sus beneficios a
costa de una política intervencionista y neocolonialista.

Guerras, ocupaciones militares, tratados neoliberales de libre comercio
y “medidas de austeridad” expresadas en paquetes económicos que
privatizan los bienes comunes y los servicios públicos, rebajan
salarios, reducen derechos, multiplican el desempleo, aumentan la
sobrecarga de las mujeres en el trabajo de cuidado y destruyen la
naturaleza.

Estas políticas afectan con intensidad a los países más ricos del Norte,
aumentan las migraciones, los desplazamientos forzados, los desalojos,
el endeudamiento, y las desigualdades sociales como en la Grecia,
Chipre, Portugal, Italia, Irlanda y en el Estado Español. Ellas
refuerzan el conservadorismo y el control sobre el cuerpo y la vida de
las mujeres. Además, tales agentes intentan imponernos la “economía
verde” como solución para la crisis ambiental y alimentaria, lo que
además de agravar el problema, resulta en la mercantilización,
privatización y financiarización de la vida y de la naturaleza.

Denunciamos la intensificación de la represión a los pueblos en
rebeldía, el asesinato de las y los liderazgos de los movimientos
sociales, la criminalización de nuestras luchas y de nuestras propuestas.

Afirmamos que los pueblos no debemos seguir pagando por esta crisis
sistémica y que no hay salida dentro del sistema capitalista! Aquí en
Túnez, reafirmamos nuestro compromiso con la construcción de una
estrategia común para derrocar el capitalismo. Por eso, luchamos:

*Contra las transnacionales y el sistema financiero (el FMI, el BM y la
OMC), principales agentes del sistema capitalista, que privatizan la
vida, los servicios públicos, y los bienes comunes, como el agua, el
aire, la tierra, las semillas, y los recursos minerales, promueven las
guerras y violaciones de los derechos humanos. Las transnacionales
reproducen prácticas extractivistas insostenibles para la vida, acaparan
nuestras tierras y desarrollan alimentos transgénicos que nos quitan a
los pueblos el derecho a la alimentación y eliminan la biodiversidad.

Luchamos por la anulación de la deuda ilegitima y odiosa que hoy es
instrumento de represión y asfixia económica y financiera de los
pueblos. Recusamos los tratados de libre comercio que las
transnacionales nos imponen y afirmamos que es posible construir una
integración de otro tipo, a partir del pueblo y para los pueblos, basada
en la solidaridad y en la libre circulación de los seres humanos.

*Por la justicia climática y la soberanía alimentaria, porque sabemos
que el calentamiento global es resultado del sistema capitalista de
producción, distribución y consumo. Las transnacionales, las
instituciones financieras internacionales y gobiernos a su servicio no
quieren reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero.
Denunciamos la “economía verde” y rechazamos todas las falsas soluciones
a la crisis climática como los agrocombustibles, los transgénicos, la
geo-ingeniería y los mecanismos de mercado de carbono, como REDD, que
ilusionan a poblaciones empobrecidas con el progreso, mientras
privatizan y mercantilizan los bosques y territorios donde han vivido
miles de años.

Defendemos la soberanía alimentaria y la agricultura campesina, que es
una solución real a la crisis alimentaria y climática y significa
también acceso a la tierra para la gente que la vive y la trabaja. Por
eso llamamos a una gran movilización para frenar el acaparamiento de
tierras y apoyar las luchas campesinas locales.

*Contra la violencia hacia las mujeres, que es ejercida con regularidad
en los territorios ocupados militarmente, pero también contra la
violencia que sufren las mujeres cuando son criminalizadas por
participar activamente en las luchas sociales. Luchamos contra la
violencia doméstica y sexual que es ejercida sobre ellas cuando son
consideradas como objetos o mercancías, cuando la soberanía sobre sus
cuerpos y su espiritualidad no es reconocida. Luchamos contra el tráfico
de mujeres, niñas y niños. Defendemos la diversidad sexual, el derecho a
autodeterminación de género, y luchamos contra la homofobia y la
violencia sexista.

*Por la paz y contra la guerra, el colonialismo, las ocupaciones y la
militarización de nuestros territorios. Denunciamos el falso discurso en
defensa de los derechos humanos y de la lucha contra los integrismos,
que muchas veces justifica ocupaciones militares por potencias
imperialistas como en Haití, Libia, Mali y Siria.

Defendemos el derecho de los pueblos a su autodeterminación y a su
soberanía como en la Palestina, el Sahara Occidental y en el Curdistán.

Denunciamos la instalación de bases militares extranjeras en nuestros
territorios, utilizadas para fomentar conflictos, controlar y saquear
los recursos naturales y promover dictaduras en varios países.

Luchamos por la libertad de organizarnos en sindicatos, movimientos
sociales, asociaciones y todas otras formas de resistencia pacífica.

Fortalezcamos nuestras herramientas de solidaridad entre los pueblos
como la iniciativa de boicot, desinversión y sanción hacia Israel y la
lucha contra la OTAN y por la eliminación de todas las armas nucleares.

*Por la democratización de los medios de comunicación masivos y por la
construcción de medios alternativos, fundamentales para avanzar en la
derrocada de la lógica capitalista.

Inspirados en la historia de nuestras luchas y en la fuerza renovadora
del pueblo en rebeldía, la Asamblea de los Movimientos Sociales convoca
a todas y todos a desarrollar acciones coordinadas en nivel mundial en
una jornada mundial de movilización en el día XXXXX (Fecha a definir)

Movimientos sociales de todo el mundo, avancemos hacia la unidad a nivel
mundial para derrotar al sistema capitalista!!

Basta de explotación, basta de patriarcado, racismo y colonialismo! Viva
la revolución!

Viva la lucha de todos los pueblos!

*************************************
Minga Informativa de Movimientos Sociales
http://movimientos.org/

Nuevo Papa

El país|Jueves, 14 de marzo de 2013
OPINION
Un ersatz
Por Horacio Verbitsky

Entre los centenares de llamados y mails recibidos, elijo uno. “No lo puedo creer. Estoy tan angustiada y con tanta bronca que no sé qué hacer. Logró lo que quería. Estoy viendo a Orlando en el comedor de casa, ya hace unos años, diciendo ‘él quiere ser Papa’. Es la persona indicada para tapar la podredumbre. Es el experto en tapar. Mi teléfono no para de sonar, Fito me habló llorando.” Lo firma Graciela Yorio, la hermana del sacerdote Orlando Yorio, quien denunció a Bergoglio como el responsable de su secuestro y de las torturas que padeció durante cinco meses de 1976. El Fito que la llamó desconsolado es Adolfo Yorio, su hermano. Ambos dedicaron muchos años de su vida a continuar las denuncias de Orlando, un teólogo y sacerdote tercermundista que murió en 2000 soñando la pesadilla que ayer se hizo realidad. Tres años antes, su íncubo había sido designado arzobispo coadjutor de Buenos Aires, lo cual preanunciaba el resto.

Orlando Yorio no llegó a conocer la declaración de Bergoglio ante el Tribunal Oral Federal 5. Allí dijo que recién supo de la existencia de chicos apropiados después de terminada la dictadura. Pero el Tribunal Oral Federal 6, que juzgó el plan sistemático de apropiación de hijos de detenidos-desaparecidos, recibió documentos que indican que ya en 1979 Bergoglio estaba bien al tanto e intervino al menos en un caso a solicitud del superior general, Pedro Arrupe. Luego de escuchar el relato de los familiares de Elena de la Cuadra, secuestrada en 1977, cuando atravesaba el quinto mes de embarazo, Bergoglio les entregó una carta para el obispo auxiliar de La Plata, Mario Picchi, pidiéndole que intercediera ante el gobierno militar. Picchi averiguó que Elena había dado a luz una nena, que fue regalada a otra familia. “La tiene un matrimonio bien y no hay vuelta atrás”, informó a la familia. Al declarar por escrito en la causa de la ESMA, por el secuestro de Yorio y del también jesuita Francisco Jalics, Bergoglio dijo que en el archivo episcopal no había documentos sobre los detenidos-desaparecidos. Pero quien lo sucedió, su actual presidente, José Arancedo, envió a la jueza Martina Forns copia del documento que publiqué aquí, sobre la reunión del dictador Videla con los obispos Raúl Primatesta, Juan Aramburu y Vicente Zazpe, en la que hablaron con extraordinaria franqueza sobre decir o no decir que los detenidos-desaparecidos habían sido asesinados, porque Videla quería proteger a quienes los mataron. En su clásico libro Iglesia y dictadura, Emilio Mignone lo mencionó como paradigma de “pastores que entregaron sus ovejas al enemigo sin defenderlas ni rescatarlas”. Bergoglio me contó que en una de sus primeras misas como arzobispo divisó a Mignone e intentó acercársele para darle explicaciones, pero que el presidente fundador del CELS alzó la mano indicándole que no avanzara.

No estoy seguro de que Bergoglio haya sido elegido para tapar la podredumbre que redujo a la impotencia a Joseph Ratzinger. Las luchas internas de la curia romana siguen una lógica tan inescrutable que los hechos más oscuros pueden atribuirse al espíritu santo, ya sean los manejos financieros por los que el Banco del Vaticano fue excluido del clearing internacional porque no cumple con las reglas para controlar el lavado de dinero, o las prácticas pedófilas en casi todos los países del mundo, que Ratzinger encubrió desde el Santo Oficio y por las que pidió perdón como pontífice. Ni siquiera me extrañaría que, brocha en mano y con sus zapatos gastados, Bergoglio emprendiera una cruzada moralizadora para blanquear los sepulcros apostólicos.

Pero lo que tengo por seguro es que el nuevo obispo de Roma será un ersatz, esa palabra alemana a la que ninguna traducción hace honor, un sucedáneo de menor calidad, como el agua con harina que las madres indigentes usan para engañar el hambre de sus hijos. El teólogo brasileño de la liberación Leonardo Boff, excluido por Ratzinger de la enseñanza y del sacerdocio, tenía la ilusión de que fuera elegido el franciscano de ancestros irlandeses Sean O’Malley, que carga con la diócesis de Boston, quebrada por tantas indemnizaciones que pagó a niños vejados por sacerdotes. “Se trata de una persona muy vinculada a los pobres porque trabajó mucho tiempo en América Latina y el Caribe, siempre en medio de los pobres. Es una señal de que puede ser un papa diferente, un papa de una nueva tradición”, escribió el ex sacerdote. En la Silla Apostólica no se sentará un verdadero franciscano sino un jesuita que se hará llamar Francisco, como el pobrecito de Asís. Una amiga argentina, me escribe azorada desde Berlín que para los alemanes, que desconocen su historia, el nuevo papa es tercermundista. Menuda confusión.

Su biografía es la de un populista conservador, como lo fueron Pío XII y Juan Pablo II: inflexibles en cuestiones doctrinarias pero con una apertura hacia el mundo, y sobre todo, hacia las masas desposeídas. Cuando rece su primera misa en una calle del trastevere o en la stazione termini de Roma y hable de las personas explotadas y prostituidas por los poderosos insensibles que cierran su corazón a Cristo; cuando los periodistas amigos cuenten que viajó en subte o colectivo; cuando los fieles escuchen sus homilías recitadas con los ademanes de un actor y en las que las parábolas bíblicas coexisten con el habla llana del pueblo, habrá quienes deliren por la anhelada renovación eclesiástica. En los tres lustros que lleva al frente de la Arquidiócesis porteña hizo eso y mucho más. Pero al mismo tiempo intentó unificar la oposición contra el primer gobierno que en muchos años adoptó una política favorable a esos sectores, y lo acusó de crispado y confrontativo porque para hacerlo debió lidiar con aquellos poderosos fustigados en el discurso.

Ahora podrá hacerlo en otra escala, lo cual no quiere decir que se olvide de la Argentina. Si Pacelli recibió el financiamiento de la Inteligencia estadounidense para apuntalar a la democracia cristiana e impedir la victoria comunista en las primeras elecciones de la posguerra y si Wojtyla fue el ariete que abrió el primer hueco en el muro europeo, el papa argentino podrá cumplir el mismo rol en escala latinoamericana. Su pasada militancia en Guardia de Hierro, el discurso populista que no ha olvidado, y con el que podría incluso adoptar causas históricas como la de las Malvinas, lo habilitan para disputar la orientación de ese proceso, para apostrofar a los explotadores y predicar mansedumbre a los explotados.

USA: Nuevo sistema intervencionista

La ilusión del metacontrol imperial del caos (*)
La mutación del sistema de intervención militar de los Estados Unidos

Jorge Beinstein

“Las Ilusiones desesperadas generan vida en tus venas”

St. Vulestry

“La gente cree que las soluciones provienen de su capacidad de estudiar
sensatamente la realidad discernible. En realidad, el mundo ya no
funciona así. Ahora somos un imperio y, cuando actuamos, creamos
nuestra propia realidad. Y mientras tú estás estudiando esa realidad,
actuaremos de nuevo, creando otras realidades que también puedes
estudiar. Somos los actores de la historia, y a vosotros, todos vosotros,
sólo os queda estudiar lo que hacemos”.

Karl Rove, asesor de George W. Bush, verano de 2002 (1)

Guerra y economía

Conceptos tales como “keynesianismo militar” o “economía de la guerra permanente”
constituyen buenos disparadores para entender el largo ciclo de prosperidad imperial de
los Estados Unidos: su despegue hace algo más de siete décadas, su auge y el reciente
ingreso a su etapa de agotamiento abriendo un proceso militarista-decadente
actualmente en curso.

En 1942 Michal Kelecki exponía el esquema básico de lo que posteriormente fue conocido
como “keynesianismo militar”. Apoyándose en la experiencia de la economía militarizada
de la Alemania nazi, el autor señalaba las resistencias de las burguesías de Europa y
Estados Unidos a la aplicación de políticas estatales de pleno empleo basadas en
incentivos directos al sector civil y su predisposición a favorecerlas cuando se orientaban
hacia las actividades militares (2). Más adelante Kalecki ya en plena Guerra Fría describía
las características decisivas de lo que calificaba como triángulo hegemónico del
capitalismo norteamericano que combinaba la prosperidad interna con el militarismo
descripto como convergencia entre gastos militares, manipulación mediática de la
población y altos niveles de empleo (3).

Esta línea de reflexión, a la que adhirieron entre otros Harry Magdoff, Paul Baran y Paul
Sweezy, planteaba tanto el éxito a corto-mediano plazo de la estrategia de “Manteca +
Cañones” (“Guns and Butter Economy”) que fortalecía al mismo tiempo la cohesión social
interna de los Estados Unidos y su presencia militar global, como sus límites e inevitable
agotamiento a largo plazo.
Sweezy y Baran pronosticaban (acertadamente) hacia mediados de los años 1960 que
uno de los límites decisivos de la reproducción del sistema provenía de la propia dinámica
tecnológica del keynesianismo militar, pues la sofisticación técnica creciente del
armamento tendía inevitablemente a aumentar la productividad del trabajo reduciendo sus
efectos positivos sobre el empleo y finalmente la cada vez más costosa carrera
armamentista tendría efectos nulos o incluso negativos sobre el nivel general de
ocupación (4).

Es lo que se hizo evidente desde fines de los años 1990, cuando se inició una nueva
etapa de gastos militares ascendentes que continúa en la actualidad, marcando el fin de
la era del keynesianismo militar. Ahora, el desarrollo en los Estados Unidos de la industria

1

de armas y sus áreas asociadas incrementa el gasto público causando déficit fiscal y
endeudamiento, sin contribuir a aumentar en términos netos el nivel general de empleo.
En realidad, su peso financiero y su radicalización tecnológica contribuyen de manera
decisiva a mantener altos niveles de desocupación y un crecimiento económico nacional
anémico o negativo transformándose así en un catalizador que acelera, profundiza la
crisis del Imperio (5).

Por otra parte los primeros textos referidos a la llamada “economía de la guerra
permanente” aparecieron en los Estados Unidos a comienzos de los años 1940. Se
trataba de una visión simplificadora que, por lo general, subestimaba los ritmos y atajos
concretos de la historia, pero que hoy resulta sumamente útil para comprender el
desarrollo del militarismo en el muy largo plazo.

Hacia 1944 Walter Oakes definía una nueva fase del capitalismo donde los gastos
militares ocupaban una posición central; no se trataba de un hecho coyuntural impuesto
por la Segunda Guerra Mundial en curso, sino de una transformación cualitativa integral
del sistema cuya reproducción ampliada universal durante más de un siglo, había
terminado por generar masas de excedentes de capital que no encontraban en las
potencias centrales espacios de aplicación en la economía civil productora de bienes y
servicios de consumo y producción.

La experiencia de los años 1930, como lo demostraba Oakes, señalaba que ni las obras
públicas del New Deal de Roosevelt en los Estados Unidos, ni la construcción de
autopistas en Alemania nazi, habían conseguido una significativa recuperación de la
economía y el empleo: solo la puesta en marcha de la economía de guerra, en Alemania
primero y desde 1940 en los Estados Unidos, había logrado dichos objetivos (6).
En el caso alemán la carrera armamentista terminó con una derrota catastrófica, en el
caso norteamericano la victoria no llevó a la reducción del sistema militar-industrial sino a
su expansión.

Al reducirse los efectos de la guerra, la economía de los Estados Unidos comenzó a
enfriarse y el peligro de recesión asomó su rostro, pero el inicio de la guerra fría y luego la
guerra de Corea (1950) alejaron al fantasma abriendo un nuevo ciclo de gastos militares.
En octubre de 1949 el profesor de la Universidad de Harvard Summer Slichter, de gran
prestigio en ese momento, señalaba ante una convención de banqueros: “[La Guerra Fría]
incrementa la demanda de bienes, ayuda a mantener un alto nivel de empleo, acelera el
progreso tecnológico, todo lo cual mejora el nivel de vida en nuestro país… en
consecuencia nosotros deberíamos agradecer a los rusos por su contribución para que el
capitalismo funcione mejor que nunca en los Estados Unidos” . Hacia 1954 aparecía la
siguiente afirmación en la revista U.S. News & World Report: “¿Qué significa para el
mundo de los negocios la Bomba H?: un largo período de grandes ventas que se
incrementarán en los próximos años. Podríamos concluir con esta afirmación: la bomba H
ha arrojado a la recesión por la ventana” (7).

Como lo señalaba a comienzos de los años 1950 T. N. Vance, uno los teóricos de la
“economía de la guerra permanente”, los Estados Unidos habían ingresado en una
sucesión de guerras que definían de manera irreversible las grandes orientaciones de la
sociedad, después de la guerra de Corea solo cabía esperar nuevas guerras (8).
En su texto fundacional de la teoría, Walter Oakes realizaba dos pronósticos decisivos: la
inevitablidad de una tercera guerra mundial que ubicaba hacia 1960 y el empobrecimiento

2

de los trabajadores norteamericanos desde fines de los años 1940, provocada por la
dinámica de concentración de ingresos motorizada por el complejo militar-industrial (9).
Podemos en principio considerar desacertados a dichos pronósticos. No se produjo la
tercera guerra mundial aunque se consolidó la Guerra Fría, que mantuvo la ola militarista
durante más de cuatro décadas, atravesada por dos grandes guerras regionales (Corea y
Vietnam) y una densa serie de pequeñas y medianas intervenciones imperiales directas e
indirectas. Cuando se esfumó la Guerra Fría, luego de un breve intermedio en los años
1990 la guerra universal del Imperio prosiguió contra nuevos “enemigos” que justificaban
su desarrollo (“guerras humanitarias”, “guerra global contra el terrorismo”, etcétera): la
oferta de servicios militares, el “aparato militarista” y las áreas asociadas al mismo
creaban, inventaban, su propia demanda.

Tampoco se precipitó el empobrecimiento de las clases bajas de los Estados Unidos; por
el contrario, la redistribución keynesiana de ingresos se mantuvo hasta los años 1970, el
nivel de vida de los trabajadores y las clases medias mejoró sustancialmente, funcionó la
interacción positiva entre militarismo y prosperidad general. A eso contribuyeron varios
factores, entre ellos la explotación de la periferia ampliada gracias a la emergencia de los
Estados Unidos como superpotencia mundial apuntalada por su aparato militar, el
restablecimiento de las potencias capitalistas afectadas por la guerra (Japón, Europa
Occidental) que en la nueva era se encontraban estrechamente asociadas a los Estados
Unidos y el enorme efecto multiplicador a nivel interno de los gastos militares sobre el
consumo, el empleo y la innovación tecnológica. Algunos de estos factores, subestimados
por Oakes, habían sido señalados a mediados de los años 1960 por Sweezy y Baran (10).
Sin embargo la llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca (1980) marcó una ruptura en
la tendencia (aunque ya desde los años 1970 habían aparecido los primeros síntomas de
la enfermedad), y se inició un proceso de concentración de ingresos que fue avanzando
cada vez más rápido en las décadas posteriores.

Entre 1950 y 1980 el 1 % más rico de la población de los Estados Unidos absorbía cerca
del 10 % del Ingreso Nacional (entre 1968 y 1978 se mantuvo por debajo de esa cifra)
pero a partir de comienzos de los años 1980 esa participación fue ascendiendo, hacia
1990 llegaba al 15 % y cerca de 2009 se aproximaba al 25 %.
Por su parte el 10 % más rico absorbía el 33 % del Ingreso Nacional en 1950,
manteniéndose siempre por debajo del 35 % hasta fines de los años 1970, pero en 1990
ya llegaba al 40 % y en 2007 al 50 % (11).

El salario horario promedio fue ascendiendo en términos reales desde los años 1940
hasta comienzos de los años 1970 en que comenzó a descender y un cuarto de siglo más
tarde había bajado en casi un 20 % (12). A partir de la crisis de 2007-2008 con el rápido
aumento de la desocupación se aceleró la concentración de ingresos y la caída salarial:
algunos autores utilizan el término “implosión salarial” (13).
Una buena expresión del deterioro social es el aumento de los estadounidenses que
reciben bonos de ayuda alimentaria (“food stamps”), dicha población indigente llegaba a
casi 3 millones en 1969 (en plena prosperidad keynesiana), subieron a 21millones en
1980, a 25 millones en 1995 y a 47 millones en 2012 (14).

Mientras tanto los gastos militares no dejaron de crecer, impulsados por sucesivas olas
belicistas incluidas en el primer gran ciclo de la guerra fría (1946-1991) y en el segundo
ciclo de la “guerra contra el terrorismo” y las “guerras humanitarias” desde fines de los
años 1990 hasta el presente (Guerra de Corea, Guerra de Vietnam, “Guerra de las

3

Galaxias” de la era Reagan, Guerra de Kosovo, Guerras de Irak y Afganistán, etcétera).
Luego de la Segunda Guerra Mundial podemos establecer dos períodos bien
diferenciados en la relación entre gastos públicos y crecimiento económico (y del empleo)
en los Estados Unidos. El primero abarca desde mediados de los años 1940 hasta fines
de los años 1960 donde los gastos públicos crecen y las tasas de crecimiento económico
se mantienen en un nivel elevado, son los años dorados del keynesianismo militar.
El mismo es seguido por un período donde los gastos públicos siguen subiendo
tendencialmente pero las tasas de crecimiento económico oscilan en torno de una línea
descendente, marcando la decadencia y fin del keynesianismo: el efecto multiplicador
positivo del gasto público declina inexorablemente hasta llegar al dilema sin solución,
evidente en estos últimos años de crecimientos económicos anémicos donde una
reducción del gasto estatal tendría fuertes efectos recesivos mientras que su incremento
posible (cada vez menos posible) no mejora de manera significativa la situación.
Así como el “éxito” histórico del capitalismo liberal en el siglo XIX produjo las condiciones
de su crisis, su superador keynesiano también generó los factores de su posterior
decadencia.

La marcha exitosa del capitalismo liberal concluyó con una gigantesca crisis de
sobreproducción y sobreacumulación de capitales que desató rivalidades
interimperialistas, militarismo y estalló bajo la forma de Primera Guerra Mundial (19141918).
La “solución” consistió en la expansión del Estado, en especial su estructura militar,
Alemania y Japón fueron los pioneros.

La transición turbulenta entre el viejo y el nuevo sistema duró cerca de tres décadas
(1914-1945) y de ella emergieron los Estados Unidos como única superpotencia
capitalista integrando estratégicamente a su esfera de dominación a las otras grandes
economías del sistema. El keynesianismo militar norteamericano apareció entonces en el
centro dominante de los Estados Unidos: el centro del mundo capitalista. Vance señalaba
que “con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos y el capitalismo
mundial entraron en la nueva era de la Economía de la Guerra Permanente” (15). Fue así
si lo entendemos como victoria definitiva del nuevo sistema precedida por una compleja
etapa preparatoria iniciada en la segunda década del siglo XX.

Su génesis está marcada por el nazismo, primer ensayo exitoso-catastrófico de
“keynesianismo militar”: su trama ideológica, que lleva hasta el límite más extremo el
delirio de la supremacía occidental, sigue aportando ideas a las formas imperialistas más
radicales de Occidente, como los halcones de George W. Bush o los sionistas neonazis
del siglo XXI. Por otra parte, estudios rigurosos del fenómeno nazi descubren no solo sus
raíces europeas (fascismo italiano, nacionalismo francés, etcétera) sino también
norteamericanas (16). Aunque luego de la guerra el triunfo de la economía militarizada en
los Estados Unidos asumió un rostro “civil” y “democrático”, ocultando sus fundamentos
bélicos.

La decadencia del keynesianismo militar encuentra una primera explicación en su
hipertrofia e integración con un espacio parasitario imperial más amplio donde la trama
financiera ocupa un lugar decisivo. En una primera etapa el aparato industrial-militar y su
entorno se expandieron convirtiendo al gasto estatal en empleos directos e indirectos, en
transferencias tecnológicas dinamizadoras del sector privado, en garantía blindada de los
negocios imperialistas externos, etcétera. Pero con el correr del tiempo, con el ascenso de
la prosperidad imperial, incentivó y fue incentivado por una multiplicidad de formas

4

sociales que parasitaban sobre el resto del mundo al mismo tiempo que tomaban cada
vez mayor peso interno.

Además el continuo crecimiento económico terminó provocando saturaciones de
mercados locales, acumulaciones crecientes de capital, concentración empresaria y de
ingresos. El capitalismo norteamericano y global se encaminaba hacia fines de los años
1960 hacia una gran crisis de sobreproducción que provocó las primeras perturbaciones
importantes bajo la forma de crisis monetarias (crisis de la libra esterlina, fin del patrón
dólar-oro en 1971), luego energéticas (shocks petroleros de 1973-74 y 1979) atravesadas
por desajustes inflacionarios y recesivos (“estanflación”).

En las décadas siguientes la crisis no fue superada sino amortiguada, postergada través
de la superexplotación y el saqueo de la periferia, la financierización, los gastos militares,
etcétera. Todo ello no reinstaló el dinamismo de la postguerra pero impidió el derrumbe,
suavizó la enfermedad agravándola a largo plazo.

La tasa de crecimiento real de la economía norteamericana fue recorriendo de manera
irregular una línea descendente y en consecuencia sus gastos improductivos crecientes
fueron cada vez menos respaldados por la recaudación tributaria. Y al déficit fiscal se le
sumó el déficit del comercio exterior perpetuado por la pérdida de competitividad global de
la industria.

El Imperio se fue convirtiendo en un mega parásito mundial, acumuló deudas públicas y
privadas ingresando en un círculo vicioso ya visto en otros imperios decadentes; el
parasitismo degrada al parásito, lo hace más y más dependiente del resto del mundo, lo
que exacerba su intervencionismo global, su agresividad militar.

El mundo es demasiado grande desde el punto de vista de sus recursos concretos
(financieros, militares, etcétera) pero el logro del objetivo históricamente imposible de
dominación global es su única posibilidad de salvación como Imperio. Los gastos militares
y el parasitismo en general aumentan, los déficits crecen, la economía se estanca, la
estructura social interna se deteriora… lo que Paul Kennedy definía como “excesiva
extensión imperial” (17) es un hecho objetivo determinado por las necesidades imperiales
que opera como una trampa histórica de la que el Imperio no puede salir.

Gastos militares

Los gastos militares de los Estados Unidos aparecen subestimados en las estadísticas
oficiales. En 2012 los gastos del Departamento de Defensa llegaron a unos 700 mil
millones de dólares, si a los mismos se les adicionan los gastos militares que aparecen
integrados (diluidos) en otras áreas del Presupuesto (Departamento de Estado, USAID,
Departamento de Energía, CIA y otras agencias de seguridad, pagos de intereses,
etcétera) se llegaría a una cifra cercana a los 1,3 billones (millones de millones) de
dólares18. Esa cifra equivale a casi el 9 % del producto Bruto Interno, al 50 % de los
ingresos fiscales previstos, al 100 % del déficit fiscal.

Esos gastos militares reales representaron casi el 60 % de los gastos militares globales
aunque si les sumamos los de sus socios de la OTAN y de algunos países vasallos extra-
OTAN como Arabia Saudita, Israel o Australia se llegaría como mínimo al 75 %19.
A partir del gran impulso inicial en la Segunda Guerra Mundial y el descenso en la

5

inmediata post guerra los gastos militares reales norteamericanos oscilaron en torno de
una tendencia ascendente atravesando cuatro grandes olas belicistas: la guerra de Corea
a comienzos de los años 1950, la guerra de Vietnam desde los años 1960 hasta
mediados de los años 1970, la “guerra de las galaxias” de la era Reagan en los años 1980
y las guerras “humanitarias” y “contra el terrorismo” de la post guerra fría.

El keynesianismo militar del Imperio ha quedado en el pasado, pero la idea de que guerra
externa y prosperidad interna van de la mano sigue dominando el imaginario de vastos
sectores sociales en los Estados Unidos, son restos ideológicos sin base real en el
presente pero útiles para la legitimación de las aventuras bélicas.
Néstor Kirchner, ex presidente de Argentina, reveló en una entrevista con el director Oliver
Stone para su documental “South of the Border”, que el ex presidente de los Estados
Unidos George W. Bush estaba convencido de que la guerra era la manera de hacer
crecer la economía de los Estados Unidos. El encuentro entre ambos presidentes se
produjo en una cumbre en Monterrey, México, en enero de 2004, y la versión del
presidente argentino es la siguiente: “Yo dije que la solución a los problemas en este
momento, le dije a Bush, es un Plan Marshall. Y él se enojó. Dijo que el Plan Marshall es
una idea loca de los demócratas y que la mejor forma de revitalizar la economía es la
guerra. Y que los Estados Unidos se han fortalecido con la guerra” (20).

Recientemente Peter Schiff, presidente de la consultora financiera “Euro Pacific Capital”
escribió un texto delirante ampliamente difundido por las publicaciones especializadas
cuyo título lo dice todo.” ¿Porque no otra Guerra mundial?” (21). Comenzaba su artículo
señalando el consenso entre los economistas de que la Segunda Guerra Mundial permitió
a los Estados Unidos superar la Gran Depresión y que si las guerras de Irak y Afganistán
no consiguieron reactivar de manera durable a la economía norteamericana se debe a
que “dichos conflictos son demasiado pequeños para ser económicamente importantes”.

Si enfocamos el análisis en la relación entre gastos militares, PBI y empleo
constataríamos lo siguiente: los gastos militares pasaron de 2800 millones de dólares en
1940 a 91 mil millones en 1944 lo que impulsó al Producto Bruto Interno nominal de 101
mil millones de dólares en 1940 a 214 mil millones en 1944 (se duplicó en solo cuatro
años), la tasa de desocupación apenas bajó del 9 % en 1939 al 8 % en 1940 pero en
1944 había caído al 0,7 %, el primer salto importante en los gastos militares se produjo
entre 1940 y 1941 cuando pasaron de 2800 millones de dólares a 12700 millones
equivalentes al 10 % del PBI (22) proporción bastante parecida a la de 2012 (u$s 1,3
billones, aproximadamente 9 % del PBI). Esto significa que el gasto militar de 1944
equivalía a unas siete veces el de 1941. Si trasladamos ese salto a cifras actuales eso
significa que el gasto militar real de los Estados Unidos debería llegar en 2015 a unos 9
billones (millones de millones) de dólares equivalentes por ejemplo a siete veces el déficit
fiscal de 2012.

La sucesión de saltos en el gasto público entre 2012 y 2015 acumularía una gigantesca
masa de déficits que ni los ahorristas norteamericanos ni los del resto del mundo estarían
en condiciones de cubrir comprando títulos de deuda de un imperio enloquecido.
Schift recuerda en su texto que los ahorristas norteamericanos compraron durante la
Segunda Guerra Mundial 186 mil millones de dólares en bonos de deuda pública
equivalentes al 75 % de la totalidad de gastos del gobierno federal entre 1941 y 1945
concluyendo que esa “proeza” es hoy imposible. Simplemente, nos explica Schift llevando
al extremo su razonamiento siniestro, no hay de donde obtener el dinero necesario para

6

poner en marcha una estrategia militar-reactivadora similar a la de 1940-45.

En realidad esa imposibilidad es mucho más fuerte. La economía de los Estados Unidos
de 1940 estaba dominada por componentes productivas, principalmente industriales,
actualmente el consumismo, toda clase de servicios parasitarios (empezando por la
maraña financiera), la decadencia generalizada de la cultura de producción, etcétera, nos
indican que ni aun aplicando una inyección de gastos públicos equivalente a la de 194045
se podría lograr una reactivación de esa envergadura. El parásito es demasiado
grande, su senilidad está muy avanzada, no hay ninguna medicina keynesiana que lo
pueda curar o que por lo menos sea capaz de restablecer una parte significativa de su
vigor juvenil.

Privatización, informalización y elitización. Lumpen-imperialismo.

La guerra asiática, la más ambiciosa de la historia de los Estados Unidos, fracasó tanto
desde el ángulo político-militar como del económico, la estrategia de dominación de la
franja territorial que va desde los Balcanes hasta Pakistán pasando por Turquía, Siria,
Irak, Iran y las ex repúblicas soviéticas de Asia central se encuentra hoy empantanada.
Sin embargo, su desarrollo permitió transformar el dispositivo militar del Imperio
convirtiendo su maquinaria de guerra tradicional en un sistema flexible a medio camino
entre las estructuras formales regidas por la disciplina militar convencional y las
informales agrupando una maraña confusa de núcleos operativos oficiales y bandas de
mercenarios.

El proceso de integración de mercenarios a las operaciones militares tiene antecedentes
en los tramos finales de la guerra fría, la organización de los “contras” en Nicaragua y de
los “muyahidines” en Afganistán pueden ser consideradas como los primeros pasos en los
años 1970 y 1980 de las nuevas estrategias de intervención. Decenas de miles de
mercenarios fueron en esos casos entrenados, armados y financiados con resultados
exitosos para el Imperio.

Según diversos estudios sobre el tema, los Estados Unidos y Arabia Saudita gastaron
unos 40 mil millones de dólares en las operaciones afganas (donde comenzó su carrera
internacional el por entonces joven ingeniero Osama Bin Laden) asestando un golpe
decisivo a la URSS (23). Otro paso importante fueron las guerras étnicas en Yugoslavia
durante los años 1990, donde los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN,
principalmente Alemania, desarrollaron una compleja tarea de desintegración de ese país
cuyo éxito se apoyó en la utilización de mercenarios, el caso más notorio fue el de guerra
de Kosovo donde se destacó el ELK (”Ejército de Liberación de Kosovo”) cuyos
integrantes eran principalmente reclutados desde redes mafiosas (tráfico de drogas,
etcétera) bajo el mando directo de la CIA extendiendo sus lazos hasta el ISI (servicio de
inteligencia de Pakistán). Actualmente, el “estado” kosovar “independiente” aparece
vinculado con la intervención de la OTAN en Siria, en Junio de 2012 el ministro de
relaciones exteriores de Rusia exigía el cese de las operaciones de desestabilización de
Siria realizadas desde Kosovo (24).

Estas nuevas prácticas de intervención fueron acompañadas por un denso proceso de
reflexión de los estrategas imperiales disparado por la derrota en Vietnam. La “Guerra de
Baja Intensidad” fue uno de sus resultados y las teorizaciones en torno de la llamada
“Guerra de Cuarta Generación (4GW)” consolidaron la nueva doctrina en cuyo paper

7

fundacional (1989) redactado por William Lind y tres miembros de las fuerzas armadas de
los Estados Unidos y publicado en el “Marine Corps Gazete” (25) son borradas las
fronteras entre las áreas civil y militar: toda la sociedad enemiga en especial su identidad
cultural pasa a ser el objetivo de la guerra.

La nueva guerra es definida como descentralizada, poniendo el énfasis en la utilización de
fuerzas militares “no estatales” (es decir paramilitares), empleando tácticas de desgaste
propias de las guerrillas, etc. A ello se agrega el empleo intenso del sistema mediático
tanto focalizado contra la sociedad enemiga como abarcando a la llamada “opinión
pública global” (el pueblo enemigo es al mismo tiempo atacado psicológicamente y
aislado del mundo) combinado con acciones de guerra de alto nivel tecnológico. En este
último caso se trata de aprovechar la gigantesca brecha tecnológica existente entre el
imperio y la periferia para golpearla sin peligro de respuesta, es lo que los especialistas
denominan confrontación asimétrica “high-tech/no-tech”.
Las estadísticas oficiales referidas a los mercenarios son por lo general confusas y
parciales, de todos modos algunos datos provenientes de fuentes gubernamentales,
civiles o militares, pueden ilustrarnos acerca de la magnitud del fenómeno. En primer
lugar el rol del Departamento de Defensa, principal contratista de mercenarios, su
presupuesto destinado a esos gastos se incrementó en cerca de un 100 % entre el 2000 y
el 2005 empleando modalidades propias de las grandes empresas transnacionales como
la tercerización y la relocalización de actividades, lo que ha producido un gigantesco
universo en expansión de negocios privados consagrados a la guerra… financiados por el
Estado y generadores de intrincados entramados de corrupciones y corruptelas (26).

El llamado “Mando Central” militar de los Estados Unidos (US CENTCOM) dio a conocer
recientemente algunos datos significativos: los mercenarios contratados reconocidos en el
área de Medio Oriente-Asia Central llegarían a unos 137 mil trabajando directamente para
el Pentágono, de ese total solo unos 40 mil serían ciudadanos norteamericanos. Aunque
según datos del Departamento de Defensa sumando los datos de Afganistán e Irak
estarían en el terreno unos 175 mil soldados regulares y 190 mil mercenarios: el 52 % del
total (27).

A estas cifras debemos agregar en primer lugar a los mercenarios contratados por otras
áreas del gobierno norteamericano, como el Departamento de Estado y luego los
contratos en zonas del mundo como África donde el AFRICOM (mando militar
norteamericano en ese continente) ha incrementado exponencialmente sus actividades
durante el último lustro y luego debemos incorporar a los mercenarios actuando bajo el
mando estratégico norteamericano pero contratados por países vasallos como las
petromonarquías del Golfo Pérsico visible en los casos de Libia y Siria.

Deben ser también incluidos los mercenarios operando en otras regiones de Asia y en
América Latina. Pero la cuenta no termina allí, ya que a ese universo es necesario
agregar a las redes mafiosas y/o paramilitares agrupando en todos los continentes a un
“personal disponible” que se autofinancia gracias a actividades ilegales (drogas,
prostitución, etcétera) protegidas por diversas agencias de seguridad norteamericanas
como la DEA o bien que integra “agencias de seguridad privada”, muy notorias por
ejemplo en América Latina legalmente establecidas en los países periféricos y
estrechamente vinculadas a agencias privadas norteamericanas y/a la DEA, la CIA u otras
organismos de inteligencia del Imperio.

8

Y la lista sigue… recientemente apareció publicada en el “Washington Post” una
investigación referida a la “América ultra secreta” (Top Secret America) de las agencias de
seguridad que informa acerca de la existencia actual de 3202 agencias de seguridad
(1271 públicas y 1931 privadas) empleando a unas 854 mil personas trabajando en temas
de “antiterrorismo”, seguridad interior e inteligencia en general, instaladas en unos 10 mil
domicilios en el territorio de los Estados Unidos (28).

Sumando las distintas cifras mencionadas y evaluando datos ocultos algunos expertos
adelantan un total aproximado global (dentro y fuera del territorio de los Estados Unidos)
próximo al millón de personas combatiendo en la periferia, haciendo espionaje,
desarrollando manipulaciones mediáticas, activando “redes sociales”, etcétera.
Comparemos por ejemplo ese dato con las aproximadamente 1 millón 400 mil personas
que conforman el sistema militar público del Imperio.

Por su parte las tropas regulares han sufrido un rápido proceso de informalización, de
ruptura respecto de las normas militares convencionales, conformando comandos de
intervención inscriptos en una dinámica abiertamente criminal. Es el caso del llamado
Comando Conjunto de Operaciones Especiales o “JSOC” (Joint Special Operations
Command). Comando conjunto secreto en línea de mandos directa con el Presidente y el
Secretario de Defensa con autoridad para elaborar su lista de asesinatos, tiene su propia
división de inteligencia, su flota de drones y aviones de reconocimiento, sus satélites e
incluso sus grupos de ciber-gerreros capaces de atacar redes de internet.

Dispone de numerosas unidades operativas. Creado en 1980 quedó sepultado por su
estrepitoso fracaso en Irán cuando trató de rescatar al personal de la embajada
norteamericana en Teherán, fue resucitado recientemente. En 2001 disponía de unos
1800 miembros, actualmente llegarían a 25 mil, en los últimos tiempos ha realizado
operaciones letales en Irak, Pakistán, Afganistán, Siria, Libia y muy probablemente en
México y Colombia, etcétera. Se trata de un agrupamiento de “escuadrones de la muerte”
de alcance global, autorizado para realizar toda clase de operaciones ilegales, desde
asesinatos individuales o masivos, hasta sabotajes, intervenciones propias de la guerra
psicológica, etcétera. En Septiembre de 2003 Donald Runsfeld había dictado una
resolución colocando al JSOC en el centro la estrategia “antiterrorista” global y desde
entonces su importancia ha ido en ascenso pasando hoy a ser, bajo la presidencia del
premio nobel de la paz Barak Obama, una suerte de ejercito clandestino de claro perfil
criminal bajo la órdenes directas del Presidente (29).

Las fuerzas de intervención de los Estados Unidos tienen ahora un sesgo claramente
privado-clandestino, en plena “Guerra de Cuarta Generación” funcionan cada vez más al
margen de los códigos militares y las convenciones internacionales. Un reciente artículo
de Andrew Bacevich describe las etapas de esa mutación durante la década pasada que
culminan actualmente en lo que el autor denomina “era Wickers” (actual subsecretario de
inteligencia del Departamento de Defensa) focalizada en la eliminación física de
“enemigos”, el uso dominante de mercenarios, de campañas mediáticas, redes sociales,
todo ello destinado a desestructurar organizaciones y sociedades consideradas hostiles.
A comienzos del año pasado la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton pronunció
una frase que no requiere mayores explicaciones: “Los Estados Unidos se reservan el
derecho de atacar en cualquier lugar del mundo a todo aquello que sea considerado como
una amenaza directa para su seguridad nacional” (30).

9

Si sumamos a esta orientación mercenaria-gangsteril del Imperio, otros aspectos como la
financierización integral de su economía dominada por el cortoplacismo, su desintegración
social interna con acumulación acelerada de marginales, con una población total que
representa el 5 % de la mundial pero con una masa de presos equivalentes al 25 % del
total de personas encarceladas en el planeta, etcétera, llegaríamos a la conclusión de que
estamos en presencia de una suerte de lumpen imperialismo completamente dominado
por intereses parasitarios embarcado en una lógica destructiva de su entorno que al
mismo tiempo va degradando sus bases de sustentación interna (31).

La ilusión del metacontrol del caos.

Podríamos establecer la convergencia entre la hipótesis de la “economía de guerra
permanente” y la del “keynesianismo militar”, este último expresó la primera etapa del
fenómeno (aproximadamente entre 1940 y 1970). Fueron los años de la prosperidad
imperial cuyos últimos logros ya mezclados con claros síntomas de crisis se prologaron
hasta el final de la guerra fría. A esa etapa floreciente le sigue una segunda post
keynesiana caracterizada por la dominación financiera, la concentración de ingresos, el
desinfle salarial, la marginalización social y la degradación cultural en general donde el
aparato militar opera como un acelerador de la decadencia provocando déficits fiscales, y
endeudamientos públicos.

La opción por la privatización de la guerra aparece como una respuesta “eficaz” a la
declinación del espíritu de combate de la población (dificultades crecientes en el
reclutamiento forzado de ciudadanos a partir de la derrota de Vietnam). Sin embargo el
remplazo del ciudadano-soldado por el soldado-mercenario o la presencia decisiva de
este último termina tarde o temprano por provocar serios daños en el funcionamiento de
las estructuras militares: no es lo mismo administrar a ciudadanos normales que a una
masa de delincuentes.

Cuando el lumpen, los bandidos predominan en un ejército, el mismo se convierte en un
ejército de bandidos y un ejército de bandidos ya no es un ejército. El potencial disociador
de los mercenarios es a largo plazo de casi imposible control y su falencias en el combate
no pueden ser compensadas sino muy parcialmente por despliegues tecnológicos
sumamente costosos y de resultado incierto.

La conformación de fuerzas clandestinas no-mercenarias de elite, respaldadas por un
aparato tecnológico sofisticado capaz de descargar golpes puntuales demoledores contra
el enemigo, como es el caso del JSOC, son buenos instrumentos terroristas pero no
remplazan las funciones de un ejército de ocupación y a mediano plazo (muchas veces a
corto plazo) terminan por fortalecer el espíritu de resistencia del enemigo.

Podríamos sintetizar de manera caricatural a la nueva estrategia militar del Imperio a
partir del predominio de diversas formas de “guerra informal” combinando mercenarios
(muchos mercenarios) con escuadrones de la muerte (tipo JSOC), bombardeos masivos,
drones, control mediático global, asesinatos tecnológicamente sofisticados de dirigentes
periféricos. La guerra se elitiza, se transforma en un conjunto de operaciones mafiosas, se
aleja físicamente de la población norteamericana y su cúpula dominante empieza a
percibirla como un juego virtual dirigido por gangsters.

Por otra parte la adopción de estructuras mercenarias y clandestinas de intervención

10

externa como forma dominante tiene efectos contraproducentes para el sistema
institucional del imperio tanto desde el punto de vista del control administrativo de las
operaciones como de las modificaciones (y de la degradación) en las relaciones internas
de poder. El comportamiento gangsteril, la mentalidad mafiosa termina por apoderarse de
los altos mandos civiles y militares y se traduce al comienzo en acciones externas,
periféricas y más adelante (rápidamente) en ajustes de cuentas, en conductas habituales
al interior del sistema de poder.

El horizonte objetivo (más allá de los discursos y convicciones oficiales) de la “nueva
estrategia” no es el establecimiento de sólidos regímenes vasallos, ni la instalación de
ocupaciones militares duraderas controlando territorios de manera directa sino más bien
desestabilizar, quebrar estructuras sociales, identidades culturales, degradar o eliminar
dirigentes, las experiencias de Irak y Afganistán (y México) y más recientemente las de
Libia y Siria confirman esta hipótesis.

Se trata de la estrategia del caos periférico, de la transformación de naciones y regiones
más amplias en áreas desintegradas, balcanizadas, con estados-fantasmas, clases
sociales (altas, medias y bajas) profundamente degradadas sin capacidad de defensa, de
resistencia ante los poderes políticos y económicos de Occidente que podrían así
depredar impunemente sus recursos naturales, mercados y recursos humanos
(residuales).

Este imperialismo tanático del siglo XXI, se corresponde con tendencias desintegradoras
en las sociedades capitalistas dominantes, en primer lugar la de los Estados Unidos. Esas
economías han perdido su potencial de crecimiento, hacia finales de 2012 luego de un
lustro de crisis financiera oscilaban entre el crecimiento anémico (Estados Unidos), el
estancamiento girando hacia la recesión (la Unión Europea) y la contracción productiva
(Japón).
Los estados, las empresas y los consumidores están aplastados por las deudas, la suma
de deudas públicas y privadas representan más del 500 % del Producto Bruto Interno en
Japón e Inglaterra y más del 300 % en Alemania, Francia y los Estados Unidos donde el
gobierno federal estuvo en 2011 al borde del default. Y por encima de deudas y sistemas
productivos financierizados existe una masa financiera global equivalente a unas veinte
veces el Producto Bruto Mundial, motor dinamizador, droga indispensable del sistema que
ha dejado de crecer desde hace aproximadamente un lustro y cuyo desinfle tratan de
impedir los gobiernos de las potencias centrales.

Se presenta entonces la ilusión de una suerte de metacontrol estratégico desde las
grandes alturas, desde las cumbres de Occidente sobre las tierras bajas, periféricas,
donde pululan miles de millones de seres humanos cuyas identidades culturales e
instituciones son vistas como obstáculos a la depredación. Las elites de Occidente, el
imperio colectivo hegemonizado por los Estados Unidos, están cada día más convencidas
de que dicha depredación prolongará su vejez, alejará el fantasma de la muerte.

El caos periférico aparece a la vez como el resultado concreto de sus intervenciones
militares y financieras (producto de la reproducción decadente de sus sociedades) y como
la base de feroces depredaciones. El gigante imperial busca beneficiarse del caos pero
termina por introducir el caos entre sus propias filas, la destrucción deseada de la periferia
no es otra cosa que la autodestrucción del capitalismo como sistema global, su pérdida
veloz de racionalidad. La fantasía acerca del metacontrol imperialista del caos periférico

11

expresa una profunda crisis de percepción, la creencia de que los deseos del poderoso se
convierten fácilmente en hechos reales, lo virtual y lo real se confunden conformando un
enorme pantano psicológico.

En realidad la “estrategia” de metacontrol imperial del caos, sus formas operativas
concretas la convierten en una maraña de tácticas que tienden a conformar una masa
crecientemente incoherente, prisionera del corto plazo. Lo que pretende convertirse en la
nueva doctrina militar, en un pensamiento estratégico innovador que responde a la
realidad global actual facilitando la dominación imperialista del mundo no es otra cosa que
una ilusión desesperada generada por la dinámica de la decadencia. Bajo la apariencia de
ofensiva estratégica, irrumpen los manotazos históricamente defensivos de un sistema
cuya cúpula imperial va perdiendo la capacidad de aprehensión de la totalidad real, la
razón de estado se va convirtiendo en un delirio criminal extremadamente peligroso dado
el gigantismo tecnológico de los Estado Unidos y sus socios europeos.

(*), Conferencia dictada en el Seminario “Nuestra América y Estados Unidos: desafíos del Siglo XXI”.
Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Central del Ecuador, Quito, 30 y 31 de Enero de 2013.
(1), Ron Suskind, “Without a doubt: faith, certainty and the presidency of George W. Bush”, The New York
Times, 17-10-04.
(2), Su exposición desarrollada en la Marshall Society (Cambridge) en la primavera de 1942 fue publicada el
año siguiente. Michal Kalecki, “Political Aspects of Full Unemployment”, Political Quaterly, V 14, oct.-dec.
1943.
(3), Michal Kalecki, The Last Phase in the transformation of Capitalism, Monthly Review Press, Nueva York,
1972.
(4), Paul Sweezy & Paul Baran, Monopoly Capital, Monthly Review Press, Nueva York, 1966.
(5), Scoot B. MacDonald, “Globalization and the End of the Guns and Butter Economy”, KWR Special
Report, 2007.
(6), Oakes, Walter J., “Towards a Permanent War Economy?”, Politics, February 1944.
(7), Ambas citas aparecen en el texto de John Bellamy Foster, Hannah Holleman y Robert W. McChesney,
“The U.S. Imperial Triangle and Military Spending”, Monthly Review, October 2008.
(8), Vance, T. N. 1950, “After Korea What? An Economic Interpretation of U.S. Perspectives”, New
International, November–December; Vance, T. N. 1951, “The Permanent Arms Economy”, New International.
(9), Oakes, Walter J, artículo citado.
(10), Paul Sweezy & Paul Baran, libro citado.
(11), Thomas Piketty & Emmanuel Saez, “Top Incomes and the Great Recession: Recent Evolutions and
Policy Implications”, 13th Jacques Polak Annual Research Conference, Washington, DC-November 8–9,
2012.
(12), Fuente: U.S. Bureau of Labor Statistics.
(13), Lawrence Mishel and Heidi, “The Wage Implosion”, Economic Policy Institute, June 3, 2009.
(14), FRAC, Food Research and Action Center-SNAP/SNAP/Food Stamp Participation ().
(15), Vance T. N, “The Permanent War Economy”, New International, Vol 17, Nº 1, January-February 1951.
(16), Doménico Losurdo, “Las raices norteamericanas del nazismo”, Enfoques Alternativos, nº 27, Octubre
de 2006, Buenos Aires.

(17), Paul Kennedy, “Auge y caída de las grandes potencias”, Plaza & James, Barcelona, 1989.
(18), Chris Hellman, “$ 1,2 Trillon: The Real U.S. National Security Budget No One Wants You to Know
About”, Alert Net, March 1, 2011.
(19), Fuentes: SIPRI, Banco Mundial y cálculos propios.
(20), El video de la entrevista Kirchner-Stone publicado por Informed Comment/Juan Cole está localizado
en: -angrily-said-war-would-grow-us-economy.html&ei=BYYCUYCnC4P88QSX3oGACA
(21), Peter D. Schiff, “Why Not Another World War ?”, Financial Sense, 19 Jul 2010.
(22), Vance T. N, 1950, artículo citado en (14).
(23), Dilip Hiro, “The Cost of an Afghan ‘Victory’”, The Nation, 1999 February 15.
(24), “Una delegación de la oposición siria viajó a Kosovo, en abril de 2012, para la firma oficial de un
acuerdo de intercambio de experiencias en materia de guerrilla antigubernamental”. Red Voltaire, “Protesta
Rusia contra entrenamiento de provocadores sirios en Kosovo”, 6 de Junio de 2012.
(25), William S. Lind, Colonel Keith Nightengale (USA), Captain John F. Schmitt (USMC), Colonel Joseph W.

12

Sutton (USA), and Lieutenant Colonel Gary I. Wilson (USMCR), “The Changing Face of War: Into the Fourth
Generation”, Marine Corps Gazette, October 1989.
(26), David Isenberg, “Contractors and the US Military Empire”, Rise of the Right, Aug 14th, 2012.

(27), David Isenberg, “Contractors in War Zones: Not Exactly “Contracting”, TIME U. S., Oct. 09, 2012.
(28), Dana Priest and William M. Arkin, “Top Secret America. A hidden world, growing beyond control”,
Washington
Post, July 19, 2010.
(29), Dana Priest and William M. Arkin, “Top Secret America, A look at the military’s Joint Special Operations
Command”, The Washington Post, September 2, 2011.
(30), Andrew Bacevich, “Uncle Sam, Global Gangster”, TomDispatch.com, February 19, 2012.
(31), Narciso. Isa Conde, “Estados neoliberales y delincuentes”, Aporrea, 20/01/2008,
http://www.aporrea.org/tiburon/a49620.html.

Karen DeYoung and Karin Brulliard, “As U.S.-Pakistani relations sink, nations try to figure out ‘a new normal’”, The
Washington Post /National Security, January 16, 2012.

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A propos de Aaron Russo

Russo a notamment été le manager de Bette Midler entre 1972 et 1979. Durant sa carrière cinématographique, il a produit des acteurs tels que Eddie Murphy, Dan Aykroyd dans Un Fauteuil Pour Deux (Trading Places), qui deviendra pour le public un des classiques de Noël. Il réunira Nick Nolte, Morgan Freeman et Ralph Macchio dans Teachers. Il a reçu un Grammy, un Tony et un Emmy pour OL’ Red Hair is Back en 1978.

Son dernier documentaire, America… From Freedom To Fascism, sorti en 2006, dénonce la politique américaine en matière de taxe fédérale sur le revenu et quant au système bancaire fédéral. Selon lui, la politique américaine depuis la création de la Banque fédérale américaine, conduit à une restriction croissante des droits des citoyens américains, surtout avec la mise en place des nouvelles lois depuis les attentats du 11 septembre 2001 et de la création de la nouvelle carte d’identité.

Très impliqué dans la vie politique américaine, il s’est présenté aux élections du gouverneur du Nevada en 1998, sous les couleurs du Parti républicain, où il a fini deuxième, avec presque 30 % des votes. Membre important du Parti libertarien américain, il a été candidat de ce parti lors des primaires organisées pour l’élection présidentielle de 2004.
En 2007, dans une interview de Alex Jones, il dénonce le CFR, supporte les théories du complot à propos des attentats du 11 septembre 2001, et critique la guerre contre le terrorisme, ainsi qu’un « plan de domination mondial des banquiers », (les Rockefeller, etc.).

Il y raconte une discussion tenue entre Nicholas Rockefeller et lui-même, onze mois avant les attentats du 11 septembre 2001, expliquant entre autres les propos tenus par Nick Rockefeller : comment « un évènement allait se produire […] et comment à partir de cet évènement nous (les États-Unis) allions envahir l’Afghanistan, construire des pipelines pour amener le pétrole de la mer Caspienne, que nous allions envahir l’Irak pour prendre le contrôle du pétrole au Moyen-Orient et pouvoir nous implanter là-bas et intégrer cette région dans un nouvel ordre mondial et qu’ensuite nous irions nous occuper de Chavez, au Venezuela ainsi que de l’Iran. Je me rappelle qu’il me disait qu’on verrait des soldats fouiller des grottes à la recherche des responsables, en Afghanistan, au Pakistan et dans toutes ces régions-là. Il y aurait alors une guerre contre le terrorisme où il n’y aurait pas de véritable ennemi. Tout cela ne serait qu’une mystification. Ce serait une façon pour le gouvernement de contrôler les Américains ».

Nick Rockefeller lui aurait aussi affirmé que ses projets pour l’avenir étaient de réduire la population mondiale de moitié et de remplacer la monnaie de papier par des puces sous-cutanées où seraient stockées toutes les informations personnelles de la personne. Tout ceci étant une manière détournée de contrôler ce que Nicholas Rockefeller a désigné comme les « serfs », les « esclaves », en parlant de la population mondiale.
Il évoque aussi l’émancipation des femmes comme étant une duperie. Ce mouvement n’aurait pour finalité rien d’autre que de doubler le nombre de contribuables et de demandeurs d’emploi, mais aussi de réduire l’influence familiale sur chaque enfant, qui finira, par la présence restreinte des parents, par s’attacher plutôt à l’État, de façon indirecte.

Il meurt six mois plus tard d’un cancer de la vessie, après six ans de lutte contre la maladie.
Source : http://fr.wikipedia.org/wiki/Aaron_Russo
& http://www.youtube.com/watch?v=owXtjrWACLg&feature=youtu.be
Sa mort suspecte??

Guerra sicológica y manipulación

Cómo funciona la guerra sicológica y la manipulación
(Una respetuosa y corta reflexión a mis amigos de las redes sociales y medios alternativos.)
Javier Del Valle Monagas Maita

Generalmente quien o, quienes tienen carencias y necesidades de destacar en la vida, utilizan diversos métodos para llamar la atención. Una de ellas es recurrir a la ofensa, la mentira, el engaño. Así logran mediante la respuesta inocente de quienes se sienten aludidos y creyendo salvar su reputación o su honor, ser usados para ser instrumento de difusión de la matriz que se prende de lo personal de otro para proyectarse. Para ponerse en el tapete de la noticia o de la proyección mediática. Es una manipulación muy usada por los que estando en debilidad y desventaja de espacio publicitario, se valen de la que otros poseen, para su fin.
Si somos mayoría. Si combatimos un sistema y sus herramientas de proyección e imposición, lo primero que debemos hacer en desaparecer esas herramientas de nuestras luchas. No es lógico ni estratégicamente valido, que si se combate una forma de valores éticos y morales, usemos sus términos y personeros para tratar de destruirlos, siendo que al final los actualizamos. Es una contradicción.

Si se combate a un sistema económico, político y social, que se comporta de unas formas especificas, con metodologías muy claras. No es normal que nos apeguemos a esos esquemas para tratar de combatirlo. Mucho menos convalidar sus métodos de dominación y de proyección. Cuando se combate algo, lo primero que se hace es neutralizarlo, sacarlos de la cotidianidad y hundirlo en el olvido. Esa metodología es la que ha aplicado la gran prensa universal del sistema capitalista para hacernos daño y principalmente: CONTROLARNOS.

Cuando nosotros destacamos sus métodos, sus imágenes, sus líderes y sus anti valores. Sin previamente hacer un preámbulo explicativo bien razonado y sin nombrarlos específicamente; si no en lo general que los identifique lo que hacemos es promoverlos, darles publicidad y hacerlos visibles donde quizás no tenían visibilidad o presencia. Veo en la Facebook, (solo por ejemplo) como los que nos decimos revolucionarios llenamos el medio con imágenes, caricaturas otras referencias relativas al enemigo, a la imagen del momento de ese enemigo, que más que combatirlo o disminuirlo, lo que hace es destacarlo, resaltarlo, hacerlo presente y mas visible de lo que realmente merece o vale. No se trata de no nombrarlos. Simplemente de limitar su proyección, para ir anulando su presencia, pero atacando lo que representan. Mientras magnificamos y proyectamos los valores nuestros, nuestras realidades e intereses ¿Qué mejor forma de estar presente y generando opinión que ser proyectados por quienes nos dicen combatir? Así se despierta algo que es intrínseco de los seres humanos: la curiosidad. La cual puede afectar negativamente a nuestros aliados.
Por favor seamos más calculadores y combativos. ¡Ah¡ Combatir no es nada más la pelea cuerpo a cuerpo o con armas. Se combate también ideológicamente, publicitariamente y mediáticamente. En todas esas faces de lucha, el objetivo primordial es neutralizar, desaparecer al enemigo. Volverlo una nada, minimizarlo, hacerlo impotente y sin capacidad de respuesta.

Seamos más expositores de ideas, de conceptos, de valores humanos, de valores éticos, de valores sociales, de valores solidarios, de identidad, de idiosincrasia, de ideología. No es que no delatemos lo negativo del enemigo. No, se trata de resaltar los valores positivos nuestros, que al final, son nuestras banderas de lucha y nuestras metas universales de sociedad.
Debemos recordar que lo que combatimos, carece de valores morales y éticos. Para Éllos, lo que cuenta es la posesión y la satisfacción egocéntrica materialista. No importa como, por lo tanto caricaturizarlos no es muy provechoso en ellos, pues no tienen ningún freno ético que le auto censure o los recrimine mentalmente o que les haga sentir culpa. Por lo tanto el enfoque del mensaje debe ir hacia los aliados circunstanciales o las mentes engañadas que acompañan o sirven de comparsa a ese ser negativo. El sistema a combatir y sus representantes destacados ya son casos perdidos e irrecuperables. De lo que se trata entonces es de neutralizarlos, de aislarlos, de que se queden solos y así no podrán hacer más daño. Mientras se recuperan extraviados por ellos.

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